Formado por la erupción del Volcán Corona, es uno de los milagros que esconden los órganos internos de Lanzarote. En los siglos XVI y XVII, fue utilizado como escondite para que los residentes resistieran los ataques e invasiones de piratas del norte de África, pero desde el siglo XIX, se ha convertido en un lugar de visita obligada para los viajeros, académicos y científicos europeos, fascinados por este entorno único de formación volcánica. Como decían, su nombre se deriva del apellido de una familia que criaba ganado a su alrededor.


